lunes, 17 de diciembre de 2012


Las mujeres como ejemplos espirituales positivos
Jesús con frecuencia usó a las mujeres como ilustraciones en Su enseñanza. Linda Belleville nota: “Esto está en agudo contraste con los rabinos de ese entonces. Uno busca en vano en la enseñanza de ellos, tan siquiera una historia o ilustración de sermón que mencione a las mujeres” (Mujeres Líderes y la Iglesia, pág. 48). En muchas de las ilustraciones de Jesús, las mujeres son presentadas como modelos positivos de fe, que los hombres deben de seguir.
Por ejemplo:
· La reina del sur, que fue más sabia que los judíos del primer siglo (Mateo 12:42).
· La mujer que mezcló la levadura con la harina (Mateo 13:33), que es presentada como una ilustración de la forma en la que opera el reino de Dios.
· Mujeres trabajando cuando Cristo regrese, algunas de las cuales estarán listas y otras no (Mateo 24:41).
· Diez vírgenes, de las cuales cinco estaban preparadas y cinco no (Mateo 25:1-13).
· La viuda de Sarepta, a quien Jesús usó como ejemplo de una gentil a la cual Dios favoreció (Lucas 4:26).
· La mujer que encontró la moneda que había perdido (Lucas 15:8-10). En ésta parábola la mujer juega el papel de Dios, así como lo hizo el pastor en la parábola anterior y lo hará el padre en la siguiente parábola.
· Una viuda persistente (Lucas 18:1-8), un modelo a imitar en oración por los discípulos.
· Una viuda que dio todo lo que tenía (Lucas 21:1-4).
En Lucas 11, una mujer anónima dijo: “¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te amamantó!” (v. 27). Jesús no negó que Su propia madre era bendecida, pero Él dijo que la verdadera bendición es dada a “los que oyen la palabra de Dios y la obedecen” (v. 28). El valor espiritual de una mujer se basa en su respuesta a Dios, no en el desempeño de funciones biológicas. Las mujeres son salvadas por la fe, no por dar a luz criaturas.
Jesús elaboró un punto similar cuando las personas le dijeron que Su madre y Sus hermanos querían hablar con Él (Mateo 12:47). Él respondió que Sus discípulos eran su verdadera familia: “mi hermano, mi hermana y mi madre son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (vv. 49, 50).
La respuesta espiritual es más importante que el origen biológico. Jesús expandió la respuesta para incluir “hermana”, aunque el comentario original no mencionaba hermanas; al hacerlo así, Él implicó que las mujeres estaban espiritualmente en igualdad con los hombres.
Poco antes que Jesús fuera arrestado y matado, una mujer lo ungió con una gran cantidad de costoso perfume. Los discípulos murmuraron acerca del gasto, pero Jesús alabó a la mujer: “Ella ha hecho una obra hermosa conmigo…les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique éste evangelio, se contará también, en memoria de ésta mujer, lo que ella hizo” (Mateo 26:10, 13).
Lo que ella hizo es una gran ilustración para todos los discípulos: devoción sin restricción. Jesús dijo a la mujer que lo ungió: “Tu fe te ha salvado” (Lucas 7:50), y el hecho de que ésta historia esté preservada en los Evangelios, significa que la fe de ella es un ejemplo para nosotros hoy.
Similarmente, una mujer cananea fue alabada por tener una gran fe (Mateo 15:28). Como una gentil, ella no tenía razón para reclamar favor alguno procedente de Él, pero apeló a la gracia y la misericordia, y las recibió.
Las mujeres en el ministerio de Jesús
La mayoría de los hombres judíos y griegos tenían puntos de vista negativos sobre las mujeres, pero Jesús trató a las mujeres con dignidad y respeto. Él las vio no en términos de su género sexual, sino en términos de su relación con Dios. Él sanó a varias mujeres, echó demonios fuera de ellas y resucitó de los muertos a los hijos de ellas.
Sheila Graham resume: “El honor y el respeto de Jesús fueron…extendidos a todas las mujeres—una actitud grandemente inesperada y desconocida en Su cultura y tiempo. Jesús, a diferencia de los hombres de Su generación y cultura, enseñó que las mujeres son iguales a los hombres a la vista de Dios”.
“Las mujeres podían recibir el perdón y la gracia de Dios. Las mujeres, al igual que los hombres, podían estar entre los seguidores personales de Jesús. Las mujeres podían tener participación plena en el reino de Dios…Éstas eran ideas revolucionarias. Muchos de Sus contemporáneos, incluyendo Sus discípulos, estaban en estado de choque emocional” (“Jesús y las Mujeres”, La Pura Verdad[Julio 1994]:15).
Ahora veamos a algunas de las mujeres en la vida de Jesús.
Elizabet
Empezamos nuestro breve estudio con una mujer cuyo rol ocurrió antes que Jesús naciera. Elizabet, esposa del anciano sacerdote Zacarías, fue notada por ser “intachable delante de Dios” y totalmente obediente (Lucas 1:6). Cuando María visitó a Elizabet, “la criatura saltó en su vientre. Entonces Elizabet, [fue] llena del Espíritu Santo” y pronunció una bendición sobre María—y sus palabras ahora son parte de la Escritura (vv. 41-45).
María, la madre de Jesús
La madre de Jesús dejó un ejemplo maravilloso con sus palabras: “Aquí me tienes, la sierva del Señor…que Él haga conmigo como me has dicho” (v. 38). María también fue inspirada a decir un poema de alabanza que ahora es parte de la Escritura (vv. 46-55). Una vez más, ella dejó un buen ejemplo cuando “guardaba todas éstas cosas en su corazón y meditaba acerca de ellas” (2:19, 51). Ella fue instrumental en el primer milagro público de Jesús (Juan 2:1-11). En la cruz, Jesús asignó a Juan que cuidara de Su madre, y María fue contada entre los discípulos después de la resurrección de Jesús (Hechos 1:14).
Ana
Cuando Jesús fue llevado al templo para ser dedicado, una anciana profetisa llamada Ana “dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Lucas 2:38). Desafortunadamente, no sabemos lo que ella dijo o cómo esparció ella la noticia.
María y Marta
Aunque los rabinos judíos decían que los hombres no debían hablar con las mujeres, Jesús contaba a las mujeres como Sus amigas. “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). En una ocasión que Jesús estaba visitando Betania, “una mujer llamada Marta lo recibió en su casa” (Lucas 10:38). Ya que Marta era dueña de una casa; ella podría haber sido una viuda. Su hermana María estaba “sentada a los pies del Señor, y escuchaba lo que Él decía” (v. 39). Pero Marta estaba ocupada preparando la comida, y le pidió a Jesús que le dijera a María que la ayudara.
Los rabinos decían que a las mujeres no se les debía enseñar la Escritura, así que María estaba eludiendo un rol típico de las mujeres para poder hacer algo que estaba normalmente conferido a los hombres. Pero Jesús no “la puso en su lugar”. Más bien, Él dijo que ella había escogido el lugar correcto en ese momento. “…Sólo una [cosa] es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará” (v. 42). El crecimiento espiritual es más importante que los deberes domésticos.
Graham escribe: “Jesús no sintió que el trabajo de la mujer—o el trabajo del hombre, si fuera el caso— no era importante. Él no estaba diciendo que era equivocado ser diligentes y cuidadosos acerca de nuestras responsabilidades. Cristo estaba diciendo que debemos poner en orden nuestras prioridades. Las mujeres fueron llamadas a ser discípulos de Jesús, así como lo fueron los hombres, y se esperaba que las mujeres cumplieran sus responsabilidades espirituales, así como se esperaba lo mismo de los hombres” (págs. 16, 17).
En ese incidente, María puso un mejor ejemplo que Marta. Pero James Borland nota que Marta debería ser recordada también por otro incidente: “Más tarde, en otra visita de Jesús a Betania, fue Marta la que fue enseñada por Jesús mientras María se quedó sentada en la casa (Juan 11:20)…Marta dio una excelente confesión acerca de Jesús, diciendo: ‘Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo’” (Juan 11:27, NVI). (Recobrando la Masculinidad y la Femineidad Bíblicas, 118).
La mujer samaritana en el pozo
El diálogo más largo registrado que Jesús tuvo con algún individuo, fue con una mujer—una mujer samaritana. La lección que Jesús le dio acerca del agua viva, fue tan profunda espiritualmente como la lección que le dio a Nicodemo—y la mujer tuvo una mejor respuesta. A diferencia de Nicodemo, ella estaba dispuesta a ser relacionada con Jesús. Ella le dijo a sus vecinos acerca de Jesús, y muchos de ellos creyeron en Jesús “por el testimonio que daba la mujer” (Juan 4:28, 29, 39).
Una hija de Abraham
Cuando Jesús estaba enseñando en una sinagoga, una mujer que había estado encorvada por 18 años entró y Jesús la sanó (Lucas 13:10-13). El jefe de la sinagoga criticó a Jesús, pero Jesús defendió Su acción, diciendo que la mujer era “una hija de Abraham” (v. 16).
Graham escribe: “Ante sus críticos más venenosos, Jesús públicamente mostró Su preocupación y alta consideración por ésta mujer, alguien a quien probablemente otras personas habían visto por años, pasar a través de una lucha en su aflicción cuando venía a la sinagoga a adorar a Dios. Alguien a quien ellos también podrían haber rechazado porque era una mujer y estaba discapacitada” (v. 18). Al usar la rara frase “hija de Abraham”, Jesús estaba recordando a las personas que las mujeres también estaban entre los descendientes de Abraham y eran elegibles para las bendiciones.
Juana y Susana
Lucas nos dice que varias mujeres que habían sido sanadas ayudaban a Jesús apoyándolo “con sus propios recursos” (Lucas 8:3). Éstas incluían: “Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; Susana y muchas más”. Aunque ellas probablemente estaban involucradas en la preparación de los alimentos, Lucas indica que su papel más significativo era cubrir las cuentas monetarias.
Graham escribe: “Algunas de éstas mujeres—posiblemente viudas— tenían el control de sus propias finanzas. Fue procedente de la propia generosidad de ellas que Jesús y Sus discípulos fueron apoyados, cuando menos, parcialmente. Aunque Cristo trabajó con las tradiciones culturales del primer siglo, Él ignoró las limitaciones que habían sido puestas sobre las mujeres por la cultura de ellos. Las mujeres eran libres para seguirlo y tomar parte en Su ministerio al mundo”.
Mateo 27:55, 56 también menciona que “muchas mujeres…habían seguido a Jesús desde Galilea para cuidar de Sus necesidades. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo (Marcos 15:40 reporta que su nombre era Salomé). Lucas 23:27 reporta que muchas mujeres de Jerusalén lo seguían después de Su arresto, y Él se volvió a ellas y les enseñó, diciendo que incluso peores tiempos vendrían para Jerusalén.
Una mujer con hemorragias
Mientras Jesús estaba en camino a casa de Jairo, una mujer que había estado padeciendo de hemorragias por 12 años lo tocó, y fue sanada (Marcos 5:22-29). Ella tenía miedo de que Jesús se enojara (los rabinos normalmente evadían a las mujeres, especialmente las impuras), pero Jesús no estaba enojado. Él dijo: “¡Hija, tu fe te ha sanado!” (v. 34) —dirigiéndose a ella con una palabra de afecto y públicamente alabando la fe de ella. Similarmente, Jesús no tuvo miedo de tocar a otra hija impura, la hija muerta de Jairo (v. 41).
María Magdalena
Lucas nos dice que María Magdalena tuvo siete demonios que fueron echados de ella (Lucas 8:2), pero María sería mejor conocida como la primera en ver la tumba vacía, la primera en llevar la buena nueva a los discípulos.
Graham escribe: “María es casi siempre mencionada primero en la lista de las mujeres que fueron discípulos de Jesucristo. Ella pudo haber sido una de las líderes de ese grupo de mujeres que seguían a Jesús, desde el inicio de Su ministerio en Galilea hasta Su muerte e incluso después. El Jesús resucitado se apareció primero a ella. Es irónico que en un tiempo cuando las mujeres no podían ser testigos legales, Jesucristo escogió a las mujeres como los primeros testigos de Su resurrección”.
Aunque los hombres huyeron para salvar sus vidas, las mujeres fielmente siguieron a Jesús hasta la cruz (Mateo 27:55, 56), y María se sentó cerca mientras José de Arimatea ponía el cuerpo de Jesús en la tumba (v. 61). María lideró a las mujeres que vinieron a ungir a Jesús temprano el domingo por la mañana (Marcos 16:2), y un ángel les dijo que Jesús había sido resucitado (v. 6). Entonces, ellas contaron la nueva a los 11 discípulos (Lucas 24:10).

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